LA POLÍTICA CARDENISTA

LA POLÍTICA CARDENISTA

La política cardenista representaba mucho más que un intento por alcanzar los objetivos de la Revolución como quedaron establecidos en los principios de la Constitución de 1917, con respecto a la reforma agraria, la legislación laboral, la nacionalización de los recursos minerales y la regulación por parte del Estado de las actividades económicas.

La reforma agraria implicó el reparto de más de 20 millones de hectáreas, la creación de bancos agrícolas, y la construcción de obras de infraestructura.

La política sobre inversión extranjera implicó nacionalización de terrenos agrícolas, ferrocarriles y la expropiación de la industria petrolera. El Estado fue el elemento más activo en la organización y promoción del crecimiento económico. El gobierno de Lázaro Cárdenas defendió nuestros recursos naturales contra una situación abusiva de las empresas extranjeras.

En materia de política exterior el gobierno cardenista, sobresale en el caso del conflicto español y también en el de la invasión soviética a Finlandia, en el de la italiana a Etiopía y en el de la alemana a Austria y, posteriormente, a Polonia. Por lo que hace al impulso de la Sociedad de las Naciones el gobierno cardenista se apegaba, e invitaba a los demás a hacerlo, al Pacto de dicha sociedad. La política exterior mexicana, con su fuerte carga de principios, vivió su momento de más claras definiciones en los años treinta. Es de enorme trascendencia la solidaridad prestada a la República Española, atacada brutalmente por el general Francisco Franco con el apoyo de los regímenes totalitarios de Alemania e Italia. Don Jesús Silva Herzog recuerda la actitud del gobierno mexicano:

El gobierno del general Lázaro Cárdenas estuvo desde luego y sin vacilaciones del lado de la República, defendiéndola vigorosamente por medio de nuestros representantes en la Sociedad de Naciones. Como resultado de las gestiones pertinentes entre los dos gobiernos, el 7 de julio de 1937 desembarcaron en Veracruz 480 niños españoles para ponerlos a salvo de las bombas asesinas que arrojaban los aviones enemigos sobre ciudades abiertas. Algunos niños eran huérfanos por haber muerto sus padres en la sangrienta pugna; otros vinieron con el consentimiento de sus progenitores. Todos fueron internados en locales amplios y cómodos en la ciudad de Morelia, atendidos con esmero e impartiéndoles clases de los ciclos primarios. El régimen cardenista se distinguió siempre por su hondo sentido humanitario. Congruente con la posición decidida en favor de la República Española, el gobierno cardenista le vendió 20 000 rifles y 20 millones e cartuchos. La fuerza triunfó sobre el derecho, la rebelión artera contra un pueblo, Francisco Franco contra la República Española. Franco triunfó gracias a la ayuda de Hitler y Mussolini, a las tropas italianas que solía bendecir Pío XI y a los aviones alemanes.

El otro gran evento de repercusión internacional fue el conflicto con las empresas petroleras del que resultó la expropiación, decretada por el presidente Cárdenas el 18 de marzo de 1938. La historia de este evento en la evocación de don Jesús Silva Herzog, es la siguiente:

En 1935 existían tantos sindicatos  de trabajadores como empresas, de suerte que los salarios y las prestaciones sociales eran muy diferentes en cada caso para una misma labor. Los petroleros lograron fundar en 1936 el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana, pero los representantes del capital no mostraban interés alguno para acceder a las demandas de los representantes sindicales.

El sindicato declaró la huelga general a todas las empresas petroleras que operaban en México. Ocho días después las calles se veían desiertas. Se presentó la amenaza de un paro total o casi total de la vida económica de la nación. El presidente de la República llamó a Palacio Nacional a los dirigentes del sindicato, para pedirles que levantaran la huelga en vista de los graves daños que estaba sufriendo el país y que cambiaran de táctica en su lucha contra las empresas, les sugirió que plantearan un conflicto de orden económico ante la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje de conformidad con la ley. Los trabajadores así lo hicieron y la huelga fue levantada. Solicitaban un aumento de salarios pero las empresas afirman no tener capacidad de pago para ello.

La Junta Federal designó a tres peritos, quienes en un término de 30 días debían presentar ante la autoridad del trabajo dos documentos: a) un informe acerca del estado de la industria en todos sus aspectos fundamentales y b) un dictamen dando su parecer sobre la manera de resolver el conflicto.

El dictamen concluía que, no obstante las cuantiosas utilidades obtenidas, jamás habían realizado una sola obra de beneficio social; que solían ocultar sus utilidades por medio de maniobras contables para burlar el pago del Impuesto sobre la Renta, y por último se ordenaba que debían pagar salarios y prestaciones sociales, a sabiendas de que ello estaba dentro de sus posibilidades.

Las empresas pusieron el grito en el cielo e iniciaron a planas enteras en todos los periódicos una campaña contra el peritaje, pero la Junta Federal se pronunció apoyando el dictamen pericial. Ante tal hecho las empresas elevaron la puntería, lanzando ataques apasionados y virulentos contra la Junta. Por supuesto que acudieron en demanda de apelación ante la Suprema Corte de Justicia. Así pasaron los meses de enero y febrero. A fines de este último mes las compañías habían sacado de los bancos todos sus fondos. Al mismo tiempo enviaron todos sus carros-tanque que tenían alquilados a cruzar la frontera de los Estados Unidos y tuvieron cuidado de que no hubiera ningún barco petrolero en los puertos mexicanos. La ofensiva contra México se iba acentuando cada día.

El 18 de marzo el presidente Lázaro Cárdenas anunció por la radio a toda la nación el acto expropiatorio, en defensa de la soberanía y el decoro de México. Hizo una detallada explicación de los sucesos, terminando con la formulación de cargos justificados e incontrovertibles contra las empresas extranjeras.

A continuación se transcriben los últimos párrafos del histórico y memorable discurso:

Examinemos la obra social de las empresas. ¿En cuántos de los pueblos cercanos a las explotaciones petroleras hay un hospital, o una escuela, o un centro social, o una obra de aprovisionamiento o saneamiento de agua, o un campo deportivo, o una planta de luz, aunque fuese a base de los muchos millones de metros cúbicos del gas que desperdician las explotaciones?

¿En cuál centro de actividad petrolífera, en cambio, no existe una policía privada destinada a salvaguardar intereses particulares, egoístas y algunas veces ilegales? De estas agrupaciones, autorizadas o no por el gobierno, hay muchas historias de atropellos, de abusos y de asesinatos siempre en beneficio de las empresas.

¿Quién no sabe o no conoce la diferencia irritante que norma la construcción de los campamentos de las compañías? Confort para el personal extranjero; mediocridad, miseria e insalubridad para los nacionales. Refrigeración y protección contra insectos para los primeros; indiferencia y abandono, médico y medicinas siempre regateados para los segundos, salarios inferiores y trabajos rudos y agotantes para los nuestros.

Otra contingencia forzosa del arraigo de la industria petrolera, fuertemente caracterizada por sus tendencias antisociales, y más dañosa que todas las enumeradas anteriormente, ha sido la persistente, aunque indebida, intervención de las empresas en la política nacional.

Nadie ignora tampoco cómo, en distintas épocas las compañías petroleras han alentado casi sin disimulos ambiciones de descontentos contra el régimen del país, cada vez que ven afectados sus negocios, ya con la fijación de impuestos o con la rectificación de privilegios que disfrutan o con el retiro de tolerancias acostumbradas. Han tenido dinero, armas y municiones para la rebelión. Dinero para la prensa antipatriótica que las defiende. Dinero para enriquecer a sus incondicionales defensores. Pero para el progreso del país, para encontrar el equilibrio mediante una justa compensación del trabajo, para el fomento de la higiene en donde ellas mismas operan, o para salvar de la destrucción las cuantiosas riquezas que significan los gases naturales que están unidos con el petróleo en la naturaleza, no hay dinero, ni posibilidades económicas; ni voluntad para extraerlo del volumen mismo de sus ganancias.

Es por lo tanto ineludible, como lógica consecuencia de este breve análisis, dictar una medida definitiva y legal para acabar con este estado de cosas permanente en que el país se debate, sintiendo frenado su progreso industrial por quienes tienen en sus manos el poder de todos los obstáculos y la fuerza dinámica de toda actividad, usando de ella no con miras altas y nobles, sino abusando frecuentemente de ese poderío económico hasta el grado de poner en riesgo la vida misma de la nación, que busca elevar a su pueblo mediante sus propias leyes, aprovechando sus propios recursos y dirigiendo libremente sus destinos.

Planteada así la única solución que tiene este problema, pido a la nación entera un respaldo moral y material suficientes para llevar a cabo una resolución tan justificada, tan trascendente y tan indispensable.

El gobierno ha tomado ya las medidas convenientes para que no disminuyan las actividades constructivas que se realizan en toda la República, y para ello, sólo pido al pueblo confianza plena y respaldo absoluto en las disposiciones que el propio gobierno tuviere que dictar.

Sin embargo, si fuere necesario, haremos el sacrificio de todas las actividades constructivas en que la nación ha entrado durante este periodo de gobierno, para afrontar los compromisos económicos que la aplicación de la Ley de expropiación sobre intereses tan vastos nos demanda y aunque el subsuelo mismo de la patria nos dará cuantiosos recursos económicos para saldar el compromiso de indemnización que hemos contraído.

Al expropiar México el petróleo se enfrentó a una enorme presión por parte de las compañías, topándose con el cierre del mercado norteamericano, y también  con el cierre del mercado latinoamericano y europeo por iniciativa de las compañías. También fueron cancelados todos los envíos de maquinaria  y refacciones necesarias para la extracción de petróleo. Es así como Cárdenas se vio forzado, no obstante su ideología perfectamente definida en asuntos internacionales, a desviar la venta del petróleo a Alemania, Italia y Japón, las que compraron a un precio de casi el 50 % con respecto al prevaleciente en el mercado mundial.

Mientras países como Cuba, Uruguay y Chile manifestaron un amplio respaldo al gobierno de México, en ocasión de la expropiación petrolera, las reacciones en los Estados Unidos tuvieron una importante diferencia entre las compañías y el gobierno, pues este reconoció casi inmediatamente el derecho mexicano a la expropiación, y el presidente Franklin Roosevelt incluso advirtió a las compañías petroleras que no intentaran propiciar o apoyar movimientos subversivos.

 

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3 Responses to LA POLÍTICA CARDENISTA

  1. Raul Ortega says:

    Profe, ya vi su post, esta muy completo, no lo leí todo pero voy a tratar de terminarlo.
    ATTE: Raúl O.

  2. montserrat suarez rangel says:

    presente!!!🙂 muy buenos videos

  3. marcela says:

    muy bien profe esperamos el video de echeverria…!!!muy buenos videos

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